Búscame -me dijiste. Te busqué y hallé un desierto.
Quisiste mostrarte ante mí árido, estéril, deshabitado.
Pero yo vi una interesante gama de colores
un caleidoscopio de formas, un alma caleidoscópica.
Me zambullí gozosa en ese espacio tentador:
valles, montañas, pozos de agua cristalina...
Un mundo inimaginable de pequeñas y grandes maravillas,
vestigios de un lejano pasado bajo el mar.
Sin quererlo, me hice espeleóloga de ti.
Encontré estalactitas, gours, coladas, banderolas.
Y descubrí un río de leche de Luna
que me impregnó la piel y el alma.
Estoy embriagada de amor del que tú desconoces,
del que se esconde en tus profundidades.
Tengo fiebre de ti y no sé si quieres apagarla
o construir conmigo un paraíso en el desierto de tus miedos.