Llamaste a mi puerta un día de verano
y me invitaste a sentirme especial por una hora
Y yo te abrí con cierto desconcierto:
te dije que tal vez si me explicabas…
Empecé a observarte de lejos y en silencio.
Surgió mi admiración y luego, olvido;
pero no mi olvido, sino el pensamiento de que tú me habías olvidado.
Llamé a tu puerta un día de otoño
y tu alegría abrió las puertas de mis sueños
Octubre me llevó hasta el fondo de tu cámara.
Ascendí a un mágico cielo con tus alas
y ahí mi alma posa para ti.