Ojalá la palabra fuera estricta
como el tiempo: los días, las horas.
Invierno, primavera… Tiempo, dicta:
¿Cuándo iremos a recoger las moras?
Cronómetros, relojes… son axiomas.
Exactitud, precisión y certeza.
Justo lo que les falta a las personas
que ignoran de las letras la grandeza.
A un reloj se le exige ser sensible;
la delicadeza humana es opcional.
Y en esa preferencia se distinguen
un hombre de palabra y un informal:
Equinoccio sintáctico infalible,
eclipse de gramática sideral.