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Nuestra amistad

Publicado en 9 Diciembre 2012 por María Pilar Clau

Nuestra amistad está hecha de retales
de hilo, de lana, de alpaca, de raso, de algodón…

Me acuerdo de verte en la peluquería de tu madre
cuando la mía iba alguna vez.
Después coincidimos en una comunión:
yo era ya una adolescente y tú una niña.
Hasta aquí, no hablábamos.

Un tiempo después viniste a mis clases de repaso.
No porque lo necesitaras,
sino porque vivías al lado de la academia
y tu madre tenía que trabajar en la peluquería.
Eras la niña más lista y la más trabajadora.

Años más tarde fuimos compañeras.
Periodistas las dos: tú de radio y yo de agencia.
Coincidíamos en casi todas las ruedas de prensa
y enseguida advertimos que,
sin darnos cuenta, ya habíamos tejido juntas, en otras épocas,
telas de lino fresco y de lana cálida y suave.

Y volvimos a tejer: primero risas.
¿Te acuerdas de cuando presentaron el cuartel de la policía local de Huesca?
¿Recuerdas a aquel guardaespaldas que tuvo que salir del Salón del Justicia porque le tentaba la risa al ver cómo le mirábamos las dos?
Empezamos a hilvanar complicidad, a coser anhelos,
y nos quedaron unos tapices de seda preciosos.

Nos apuntamos a clase de francés
y fue como empezar a ir juntas al cole:
Nos pasábamos papelitos por debajo de la mesa.
Porque no había smarfhones todavía,
si no, tú yo habríamos inventado el Twitter en aquellas clases.

Amores y desamores se cobijaban
en el mullido algodón de nuestra amistad.
Allí se solazaban al compartir bellas palabras leídas y dulces experiencias,
y allí también se protegían del frío, del miedo y del desencanto.
Cuánto dolor y cuánto pánico meció nuestra amistad.

El primer ramo de flores
y aquellas visitas furtivas al hospital a la hora de la siesta
formaron una tela de pétalos de oro y diamantes.

Los años que siguieron a aquel pasado
fueron de despedidas y reencuentros.
Y en cada despedida y en cada encuentro,
y hasta en las ausencias,
no hemos dejado de tejer juntas,
ni de abrigarnos en el calor de ese edredón que seguimos llenando
con las suaves plumas de la amistad sincera.

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