Atención: ¡Peligro emocional!
Se me han encendido las siete lucecitas de aviso de las emociones: la del miedo (peligro; no sé si tengo recursos necesarios para gestionar lo que se me viene encima), la de la tristeza (creo que he perdido o voy a perder una oportunidad), la del asco (tengo un conflicto interno de valores), la del enfado (me siento frustrada), la de la alegría (mucha felicidad contenida y a punto de estallar) y la de la sorpresa (estoy ante algo absolutamente inesperado).
Si no atiendo pronto a estas alarmas voy a convertirme en una botella de cava agitada, en un volcán… Necesito responder: ¡y a todas!
Necesito darme una ducha interior antes de que se produzcan cargas emocionales que se conviertan en patrones de conducta y pasen a formar parte de mí. No serán ellos quienes hagan de mí la persona que quieran, seré yo quien los elija.
Debo ponerme a buscar de inmediato el manual de instrucciones de mis sentimientos. Quiero retomar la dirección de la película de mi vida y quiero ser, cómo no, la guionista…
Escribir, gritar, bailar… todo eso lo he hecho ya estos días… Necesito limpiar mis heridas; visualizar mis emociones y mis sentimientos, que ellos me expliquen lo que me está pasando. Quiero que mi Pepito Grillo castigador deje de murmurarme en la nuca, que se atreva a dar la cara, que se ponga delante de mí y no detrás, que me devuelva el libro de mis sentimientos porque he de hacer algunos ajustes.
Desde hoy, yo elijo.